A veces dedicarse a mirar a la hinchada en un partido de fútbol de alta convocatoria es más interesante que ver que está pasando en el terreno de juego. Los hinchas alientan, gritan, sienten su chilenidad a muerte. El rival, cualquiera que sea es, inevitablemente maricón o cualquier insulto que rime con el nombre del país, su situación política o histórica.
Los CHI son el grito de batalla y un llamado implícito a la respuesta colectiva. La ola va y viene y los pronósticos antes del partido siempre están cargados de un optimismo onírico, propio de un pueblo acostumbrado a vivir de triunfos morales.
El himno Nacional se canta con la mano en el corazón, chilenos de corazón ante todo. Rostro serio, juramento a la bandera, patriotismo a toda prueba.
Entra el equipo a la cancha y la fiesta popular se desata, fuegos artificiales, gritos, saltos, casi como programa religioso televisivo plagado de alabanzas colectivas hacia unos héroes intocables, 11 colosos encargados de convertir este inicio de fiesta en un carnaval.
Comienza el partido, manos en la cabeza. Las veces que la gente se para y se sienta equivalen a buenos meses de gimnasio. Cada oportunidad de gol se vive con tensión extrema. Llegan las anotaciones del rival y todo se viene abajo, los mismos incondicionales son ahora los más ácidos críticos. Si pasa alguien vendiendo tarjetas alternativas para el día de la madre se hace millonario. Tres goles en contra y faltando 20 minutos de partido la hasta entonces marea roja se transforma en ríos de sangre brotando por las estrechas escaleras del estadio. No se merecen más sufrimiento, ellos lo dieron todo y no recibieron nada a cambio.
Los que quedan lanzan su gritos más irónicos hacía la cancha. Se pierde la fe, pero se pierde hasta el próximo partido en que todos vuelven nuevamente a creer en un Chile que puede levantar, no por nada es el país de las matemáticas.
*Un agradecimiento a la Barra de Valparaíso por su colaboración en los videos acá presentados.
Videos de la Hinchada en el Partido. Grabaciones Propias
El rol de un Dios en una sociedad egoísta y antropocéntrica
Antes de comenzar debo decir que no deseo ofender tanto a aquellos que son creyentes como los que no lo son. Pero llama mucho la atención como la idea e interpretación de una presencia divina intenta hacerse paso en una sociedad donde los valores truncados impiden ver en realidad lo que tanto se predica y tan poco se práctica.
Un sabio alguna vez dijo. “Existe un 50% de posibilidades de que Dios exista y un 50% que no, ante las dudas me quedo con la primera opción”. Estoy de acuerdo con que los porcentajes son bastante acertados, pero no estoy dispuesta a basar mi vida en una duda constante. El ser humano necesita respuestas, certezas. Quizá yo encarne al modelo humano del egoísmo, ese que cree en el valor humano tangible y no da espacio a otra cosa. Tan como aquel sabio antiguo doy el beneficio de la duda, pero cada día me es más difícil comprender lo que 14 años de formación en colegio católico me entregaron.
EL Marketing divino
Hoy Dioses hay por montones, cada uno ideado especialmente para cada grupo de personas. Y tiende usarse a conveniencia para justificar acciones humanas. Hoy hay Dios para la guerra, para los vicios, etc. Para toda aquella situación a la que se expone el hombre confiado en que más tarde recibirá el perdón divino donando los pesos del vuelto en el supermercado.
Vivimos entre un complejo organigrama de roles confusos. Todos somos (conciente o incocientemente) pequeños o grandes dioses. Pequeños, grandes y a veces enormes pecadores. Ser un humano en el siglo XXI no es más que crearse una religión propia a medida de creencia, posibilidades y necesidades.
La religión organizada, por más que el fundamentalismo se haga cada vez más presente, se está convirtiendo en un privilegio de pocos que tienen el don de la fe, que son capaces de mirar más allá de lo básico y de entregar su vida a una certeza ciega.
Qué nos depara el futuro de las religiones ya sea histórico o moralmente. Cuántas nacen y mueren por minuto tal como humanos aparecen en el mundo. Yo prefiero seguir viviendo en incertidumbre aprovechando la desfachatez del no creer.
Crean como nadie en Chile, en su gente y su potencial
Entiendan que el poder más que un beneficio es una responsabilidad
Reconozcan el pasado pero que no lo proyecten en el futuro
Sean inocentes pero no a la vez ingenuos
Crean que las buenas ideas no dependen sólo del dinero
No sean sólo “El hijo de”
Aprendan de sus errores y tengan la gallardía de reconocerlos
Sean humildes pero no por ello sumisos
Retomen la vía de un sueño casi utópico que casi se hizo realidad
No vean en el poder un logro sino una oportunidad para crecer junto al país
Estén libres de la hipocresía y vicios de sus mayores
Que vean que el soñar es también construir
No tengan miedo en medirse de igual a igual ante aquellos que creemos superiores
Que el amor no pasa sólo por lo romántico sino por la fuerza para creer en lo imposible
Que nada es imposible mientras nos tengamos el uno al otro como un país hermano
Que las divisiones son cosas del pasado y que Chile es una sola nación
Que los prejuicios son oportunidades para vencer los fantasmas que nos rodean
Que lo que a nuestros padres les constó tanto conseguir sea el pie para un futuro mejor
Y por sobretodo que sean los que reemplacen un poder viciado por la avaricia, las ambiciones y la corrupción, construyendo los cimientos aún en obra que grandes líderes del pasado dejaron construyendo por fin el Chile que todos queremos.
¿Rebeldía, locura estrategia? Qué es lo que ha llevado a estás nación ha ir en contra de todo lo que la mayoría del bloque occidental (liderado y manejado por Estados Unidos) considera correcto y a plantear acciones provocadoras de controversia, manteniendo un cierto control sobre sus vecinos quienes les rinden pleitesía amparados bajo el poder económico y la ideología extremista.
¿Guerra a los establecido o el nacimiento de un nuevo orden Latinoamericano?
El caso de Venezuela es emblemático. Durante los últimos años de gobierno de Chávez se puede ver como las libertades básicas tienden a escasear llegando a una seudo democracia, todo ello gracias a una formula infalible de populismo y una acertada campaña publicitaria, donde los medios son cómplices y esclavos.
Es difícil saber que circula por la mente de Chávez y sus propósitos. Si bien se declara bolivariano y a favor de los intereses de la región, no es posible hablar aún de un caudillo libertario del manto de control de los Estados Unidos, como el mismo ha intentado presentarse. No son pocos los países que se colocaron bajos sus alas. Uno de los ejemplos más claros es Bolivia, específicamente durante el corto gobierno del actual Presidente Evo Morales, quien ve en Chávez una personificación del ideal Latinoamericanista y un protector poderoso.
Chávez se ampara bajo la riqueza y bonanza de los nuevos precios del petróleo, la idolatría a un alicaído Fidel Castro y al ideal de rebeldía cubana. No es poco frecuente encontrarnos en la prensa con las visitas express al líder caribeño. Pero Chávez aún no logra obtener lo que Castro derrocha, carisma. Y es esa falta de carisma y su auto confianza en poseerlo lo que hace dudar del verdadero alcance que sus estrategias lograrán tener. Ha sido inteligente, es el primero en cuadrarse con el que desafía a las potencias, ganando aliados y presencia en los titulares a nivel mundial. Venezuela dejó de ser un país anónimo y hoy se sigue con interés cada movida del su líder.
Un escenario a futuro
Pero Venezuela es más que Chávez y en las últimas semanas se pudo ver como la oposición va ganando terreno en donde el Presidente se consideraba amo y señor; las clases populares, que aún no pueden ver la promesa de equidad en la repartición de la riqueza pese a vivir en un país con inmensas riquezas naturales.
También su proyecto bolivariano se ha ido cayendo. En Perú su protegido, Ollanta Humala no logró triunfar en las urnas. En Bolivia el gobierno de Morales tambalea de un hilo. Si bien tiene el apoyo de algunos otros países como Argentina y Brasil, estos no dudarían en darse vuelta ante una mejor oferta, sobretodo ahora cuando sus gobiernos se hayan inmersos en crisis institucionales y de corrupción, todo ello en un panorama electoral.
Hoy es la entrada al Consejo de seguridad de la ONU lo que le quita el sueño a Chávez. Su entrada a él de algún modo legitimaría su propuesta de gobernabilidad e ideología. ¿Cuál es el futuro de Chávez y la misma Venezuela? Sólo se puede decir que es tan incierto y frágil como lo ha sido la institucionalidad en este tipo de situaciones y sólo queda esperar que no se escriba con letra de sangre.
¿Qué es lo que hace a una mujer una madre? ¿Llevar a un bebé nueve meses o compartir un vínculo activo por casi un año? La respuesta lógica sería ambas, pero hoy el tema está en el tapete de la opinión pública a raíz del lamentable intercambio de guaguas en el hospital de Talca. Once meses bastan para que un niño reconozca una mujer como madre y se forme quizás uno de los vínculos más hermosos y duraderos de la vida y es hoy que la disolución o continuación de éste está en manos de la fría justicia.
Un error imperdonable dirán la mayoría incluyéndome a mí. Por el sólo hecho de ser hijos ya sabemos lo que vale la relación con nuestra madre, primer amor de nuestras vidas y pilar de lo que somos hoy en día construido desde los primeros momentos de nuestras vidas. Cómo explicarle a un niño de tan temprana edad que la mujer que lo crió durante los primeros once meses de su vida no es en realidad más que una extraña que por coincidencias del destino se encargó de su cuidado y protección durante aquel periodo de tiempo.
Los primeros once meses son vitales en como un bebé aprende a relacionarse con su entorno más cercano, es posible borrar todos esos recuerdos y construir unos nuevos. Al parecer eso es lo que esperan las autoridades involucradas en un caso que si bien no tiene precedentes en el país, al menos en su gravedad, no tiene una solución correcta. ¿Hacer un intercambio o dejar las cosas como están? Duro no sólo para los padres, sino que traumático tanto para ellos como los bebés involucrados quienes quedarán marcados de por vida por culpa de un tonto error que nunca debió ocurrir, y que sólo se explica por la inoperancia del personal de un hospital con precedentes de variadas negligencias en cuanto a recién nacidos, no olvidemos el caso de los sueros envenenados del que nunca supimos el resultado final.
Ninguna ayuda sicológica en el mundo será capaz de parchar una herida tan profunda y me pregunto ¿Qué haría el Rey Salomón en este caso?
Tan complejo como el inicio de la vida es la llegada de la muerte. Si bien los nueve meses de alegría esperando la llegada de un hijo son antagónicos al período de agonía que muchas veces se da a la espera de una muerte inminente. Cómo enfrentarnos a la propia muerte en una sociedad donde el derecho a morir dignamente es cuestionado y se transforma casi en un tema político, olvidándose del individuo en sí y de aquellos que lo acompañaran hasta el final.
Lo primero a definir es que es una “muerte digna”, a mi juicio sería entregar toda la ayuda auxiliar para que la persona se siente lo más cómoda posible y libre de dolor sin tomar medidas extremas para una supervivencia dolorosa y sin sentido. ¿Cuándo empezamos a partir? ¿Es en el momento mismo en el que nos enfrentamos al veredicto o cuando aceptamos el destino inexorable de la muerte?
Tal como el inicio de la vida, el inicio de la muerte y la agonía digna se debate en círculos políticos, quitándole el sentido principal. Lo “humano”. El sentir humano y el respeto de aquello a lo que estamos en cierta medida “condenados” desde el momento de nacer se ve opacado por temas políticos y discusiones sin sentido, privando a aquellos que sufren de la liberación absoluta del peso de una vida dolorosa a aquellos que padecen enfermedades terminales dolorosas e invalidantes.
Por suerte lo que no hace el Congreso lo hacen los médicos, muchos de ellos ante el vacío legal existente optan por escuchar a la familia y al paciente acerca de sus últimos deseos. Se trataría de una muerte digna y en ningún caso de eutanasia, lo que daría paso a una nueva y compleja discusión, lo que no es pertinente al tema a tratar por ahora.
El problema nuevamente pasa por una diferencia monetaria. os que pueden pagar por atención en casa y un médico privado poseen el poder de decidir su propio de destino, ya sea por voluntad propia o de sus familiares. Los pobres se ven enfrentados a hospitalizaciones sin sentido y dolorosas por cuenta de un sistema de salud obligado a prolongar la vida, sin importar la calidad de la misma.
Dónde queda el debate. En lo moral, religioso o políticamente el proyecto. Lo que si se sabe es que se extenderá por años mientras miles de chilenos sufren el calvario de estar atrapados dentro de un cuerpo sufriente, esperando con desesperación ese momento final.
Años de estudios universitarios, tesis, seminarios con el resultante de transformarse en un cesante ilustrado más. Eso es lo que está ocurriendo con muchos estudiantes de carreras universitarias, principalmente humanistas, que ven su mercado laboral copado, y donde siempre se puede estar a un paso de la desesperanza.
¿A quién culpar? No se puede negar que se ingresa a la universidad la mayor parte de las veces con la idea clara. Pero la edad y las ganas de estudiar la carrera de sus sueños nubla lo práctico y hoy son miles los profesionales jóvenes esperando en la banca de suplentes por un muy anhelado puesto en el mundo laboral.
Sería factible que las universidades reconozcan la sobrepoblación de las carreras cerrando las inscripciones en aquellas sobre pobladas o al menos limitando los cupos. Hoy la mayoría de los alumnos viaja en la pisadera intentando encontrar un lugar más seguro dentro de la micro del trabajo, ya sea por muy jóvenes o por falta de experiencia está claro que nunca nadie cederá un asiento y que queda por cuenta propia el sujetarse para no caer y llegar al final del recorrido.
Para lograr lo anterior ya no basta con un simple cartón. Hoy el no contar con estudios de postgrado es una carga, la plata no alcanza para pagarlos y una beca al extranjero es casi un sueño loco para muchos.
Yo quiero seguir viajando, al lado del chofer y con pasaje completo. Tocar el timbre en mi parada y conservar mi boleto para viajes posteriores